Recuerdo que todo surgió de improviso.
Llamamos a dos de nuestros mejores amigos y testigos de hace un año para almorzar el sábado anterior a la casa.
Como siempre, mi esposo coció riquísimo para los 4. Sebastián feliz de tenernos en casita.
Mientras esperábamos la cena (me incluyo) y a Claudita con unas chelitas y gaseosita, el partido de Perú - Venezuela de la Copa América nos acompañaba del otro lado de la pantalla. Por un momento pensé que Clau no llegaría, pero llegó! un poquito tarde pero llegó!
En eso.... un gooooool!! que tuvimos que contener porque Sebastián se quedó dormido. Increíblemente Perú había hecho gol ante Venezuela. Increíblemente ese día Perú ganó el partido 4 a 1.
Terminó el partido.
Mientras almorzábamos, disfrutamos de una buena conversación. Surgió de todo un poco.
Por un lado el tema más común pero a la vez, lo que mueve a la gente, es decir... el amor, el amor el amor!. Por otro lado, la insurrección del mosquito!! más risas y más carcajadas.
Finalmente un acuerdo, una salida, un aniversario que nos unió y nos hizo reencontrarnos nuevamente.
El punto: Las Huaringas de Miraflores.
Llegamos Willy, Clau y yo esperando a Carlitos o Quinin como yo le digo, luego se unió al grupo (no recuerdo en qué momento) Andrés, el conejo.
Mientras esperábamos a Carlitos un traguito, pisco sour.
Seguíamos esperando a Carlitos y otro traguito más mientras la charla surgía muy espontáneamente, mi esposo interrogaba a Claudia y le contaba sobre cómo inició nuestra historia. Yo, calladita, sólo tomaba mi pisco sour.
Hasta que por fin llegó Carlitos, ya estábamos en el 2do pisco sour doble!
No sé en qué momento, perdí la memoria y sé que después de eso llegó Andrés.
Otro pisco sour doble más!
Tengo flashes de fotos en mi memoria como de comida, piqueo, gente, escaleras, baño, baño, baño y más baño.
En eso, recuerdo que Willy me preguntó qué me había hecho en la cara. Yo, totalmente perdida dije que no sabía y sólo atiné a echarle la culpa.
Y yo quería ir a bailar.
En algún momento nos paramos de la mesa, bajamos las escaleras y nos embarcaron en un taxi de regreso a casa.
En el camino con muchos baches, no sé por qué o es que estaban haciendo reparaciones en todas las calles? para nosotros el carro se movía demasiado y todo me daba vueltas.
Yo, más consiente "Señor, puede parar un minuto por favor?"
Abrimos las puertas y nos despojamos de todo lo que había en nuestros estómagos (una forma muy sutil para no decir que vomitamos todo lo que nos habíamos tomado y comido).
Llegamos a la casa y creo que yo estaba un poquito mejor que mi esposito.
A medio tambalearse, abrió la puerta de la casa, caminó hacia el cuarto y plop.
Vi a mi esposito caer encima de la cama boca a bajo al estilo Titanic.
Al día siguiente, una resaca infernal!!
A levantarse temprano porque habíamos quedado con los abuelos y mi mamá a tomar desayuno a las 8:30 de la mañana llevando chicharrones.
Excelente primer aniversario!!
(Ver album completo en la Galeria de Fotos)
Abrí este blog con la finalidad de contar mis experiencias desde que conocí a mi esposo en Febrero de 2010, mis experiencias como mamá, como esposa, hija y amiga. Ahora, necesito pasar tiempo con mi familia y esto es algo que no puedo evitar, pero también debo saber sobrellevar las responsabilidades de mi trabajo y mi vida cotidiana. En resumen, me gustaría compartir con otras personas la dicha de ser madre y lo que esto conlleva. Ah! y si puedo ayudar a alguien con algunos tips, mucho mejor!
Mostrando las entradas con la etiqueta William Silupu. Mostrar todas las entradas
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viernes, 12 de agosto de 2011
martes, 5 de julio de 2011
En febrero, lo encontre!!
Yo salía de una relación dificil, un poco complicado de explicar. Sin ganas de nada, asistí a una reunión en Febrero 2010 a la cual Omar me invitó, esa clase de amigos que conoces de casi toda la vida a él lo conocía desde mi época de colegiala, en fin...
En ese entonces mi amiga de viajes y fiestas era Vicky o "la Vickinga" como yo le llamo, una chica que conocí en Pisco por otras razones que ahora no voy a contar. Ella había venido a Lima a pasar el rato y olvidar un poco las penas de aquella época. Un día que yo estaba en casa con Vicky, Omar me dijo, oye anímate, vamos! acompáñame al cumpleaños de una amiga del "dojo". Yo había escuchado antes esa palabra pero nunca le hice mucho caso, ya que no era lo mío, Omar me había explicado que había comenzado sus clases de Aikido, un arte marcial japonés en la Asociación Peruano-Japonés en Jesús María ya hace bastante tiempo atrás y al parecer era un grupo unido. Sin planes ni nada de nada, aceptamos, nos alistamos y fuimos.
Pamela, la cumpleañera, vivía en La Molina. Llegamos a la casa de Pamela, saludamos y nos sentamos al borde de una piscina. Nos ofrecieron alguna bebida y comenzamos a interactuar.
Las horas transcurrían y con mucho trago algunos y poco trago otros, la gente igual estaba alegre y mientras más alegres, mejor. Pamela ofrecía todo lo que había en su bar y uno de esos ofrecimientos fue Tequila, uy no! pensé. Yo había estado tomando cerveza y no quería conbinar tragos. Paso! dije.
Seguía trancurriendo el tiempo y de pronto todos los chicos se habían aglomerado en una esquina en donde estaba la botella de tequila alrededor de una mesa. Yo, no estaba tomando y me di cuenta que a mi lado había alguien que tampoco estaba tomando, nos pusimos a conversar.
A este chico ya lo había visto en reuniones anteriores a las que Omar también me había invitado y pedido que lo acompañe. El se llamaba William, andaba con una gordita que también practicaba aikido en el dojo pero ese día de la reunión, nos abrió la puerta y yo toda mandada y un poco impertinente, le pregunté "y Fiorella?", se quedó mudo por unos segundos y luego me dijo "no, no he venido con ella".
Acepto que yo inicié la conversación, le dije: discúlpame por haber sido un poco impertinente, no te preocupes me dijo y en eso me invitó a bailar.
Recuerdo que me gustó que supiera bailar, pues muchos chicos son un poco desorejados y sólo saben utilizar sus dos pies izquierdos.
Conversamos durante el baile sobre nuestras ocupaciones, nuestras relaciones sentimentales y hé ahí el "click".
Luego de haberme enredado tratando de explicarle a qué me dedicaba yo, un trabalenguas que me hizo ponerme nerviosa me descubrió y en eso él me dijo "yo también trabajo en una naviera". En ese momento, quise que me tragara la tierra. Luego intercambiamos números de celular por un temita de una nueva norma legal de este medio, una de esas trampas para poder conseguir el teléfono de alguien pensé. Cuál es tu apellido, le pregunté, me dijo Silupú, no entendí así que le pedí que lo escribiera en mi celular.
En ese entonces mi amiga de viajes y fiestas era Vicky o "la Vickinga" como yo le llamo, una chica que conocí en Pisco por otras razones que ahora no voy a contar. Ella había venido a Lima a pasar el rato y olvidar un poco las penas de aquella época. Un día que yo estaba en casa con Vicky, Omar me dijo, oye anímate, vamos! acompáñame al cumpleaños de una amiga del "dojo". Yo había escuchado antes esa palabra pero nunca le hice mucho caso, ya que no era lo mío, Omar me había explicado que había comenzado sus clases de Aikido, un arte marcial japonés en la Asociación Peruano-Japonés en Jesús María ya hace bastante tiempo atrás y al parecer era un grupo unido. Sin planes ni nada de nada, aceptamos, nos alistamos y fuimos.
Pamela, la cumpleañera, vivía en La Molina. Llegamos a la casa de Pamela, saludamos y nos sentamos al borde de una piscina. Nos ofrecieron alguna bebida y comenzamos a interactuar.
Las horas transcurrían y con mucho trago algunos y poco trago otros, la gente igual estaba alegre y mientras más alegres, mejor. Pamela ofrecía todo lo que había en su bar y uno de esos ofrecimientos fue Tequila, uy no! pensé. Yo había estado tomando cerveza y no quería conbinar tragos. Paso! dije.
Seguía trancurriendo el tiempo y de pronto todos los chicos se habían aglomerado en una esquina en donde estaba la botella de tequila alrededor de una mesa. Yo, no estaba tomando y me di cuenta que a mi lado había alguien que tampoco estaba tomando, nos pusimos a conversar.
A este chico ya lo había visto en reuniones anteriores a las que Omar también me había invitado y pedido que lo acompañe. El se llamaba William, andaba con una gordita que también practicaba aikido en el dojo pero ese día de la reunión, nos abrió la puerta y yo toda mandada y un poco impertinente, le pregunté "y Fiorella?", se quedó mudo por unos segundos y luego me dijo "no, no he venido con ella".
Acepto que yo inicié la conversación, le dije: discúlpame por haber sido un poco impertinente, no te preocupes me dijo y en eso me invitó a bailar.
Recuerdo que me gustó que supiera bailar, pues muchos chicos son un poco desorejados y sólo saben utilizar sus dos pies izquierdos.
Conversamos durante el baile sobre nuestras ocupaciones, nuestras relaciones sentimentales y hé ahí el "click".
Luego de haberme enredado tratando de explicarle a qué me dedicaba yo, un trabalenguas que me hizo ponerme nerviosa me descubrió y en eso él me dijo "yo también trabajo en una naviera". En ese momento, quise que me tragara la tierra. Luego intercambiamos números de celular por un temita de una nueva norma legal de este medio, una de esas trampas para poder conseguir el teléfono de alguien pensé. Cuál es tu apellido, le pregunté, me dijo Silupú, no entendí así que le pedí que lo escribiera en mi celular.
Como ya era de esperarse, muchos ya estaban haciendo payasadas por causa del alcohol, yo ya estaba cansada y le pedí a Omar irnos. Todos salimos juntos y recuerdo muy claramente esa mirada que flechó nuestros corazoncitos. William se subía al auto de su amigo y yo me iba caminando con Omar y Vicky para buscar un taxi. Pensé que nunca más lo volvería a ver.
Gracias a Dios, me equivoqué.
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